La ciencia es mucho mas una determinada manera de pensar que un cuerpo de conocimientos. Su objetivo es descubrir como funciona el mundo, detectar las regularidades que puedan existir, captar la vinculaciones que se dan entre las cosas: desde las partículas-elementales, que pueden ser los constituyentes últimos de toda materia, hasta los organismos vivos, la comunidad social de los seres humanos y, como no el cosmos contemplado en su globalidad. Nuestra intuición no es ni por asomo una pauta infalible.
Nuestras percepciones pueden verse falseadas por la educación previa y los perjuicios, o simplemente a causa de las limitaciones de nuestros órganos sensoriales que, por descontado, solo pueden percibir directamente una pequeña fracción de los fenómenos que se producen en el mundo. Incluso una cuestión tan directa como la de si, en ausencia de fricción, cae mas rápidamente un kilo de plomo que un gramo de lana, fue resuelta incorrectamente por casi todo el mundo hasta llegar a Galileo, y entre los equivocados se hallaba, como no, el propio Aristóteles. La ciencia se fundamenta en la experimentación, en un ansia permanente de someter a prueba los viejos dogmas, en una apertura de espíritu que nos permita contemplar el universo tal como realmente es. No puede negarse que en ciertas ocasiones la ciencia exige coraje; como mínimo el imprescindible para poner en entre dicho la sabiduría tradicional.
El principal rasgo definitorio de la ciencia es pensar de verdad toda cosa: el tamaño de las nubes y las formas que adoptan, incluso en su estructura mas profunda, en cualquier parte del cielo para una altitud dada; la formación de una gota de roció sobre una hoja; el origen de un nombre o una palabra; la razón de una determinada costumbre social humana, por qué parece seguirnos la luna cuando paseamos; que nos impide perforar la tierra con un agujero que llegue hasta el centro del planeta; que sentido tiene el termino "abajo" en una Tierra esférica; de que modo el cuerpo puede convertir la comida de ayer en el musculo y el nervio de hoy; donde están los limites del universo, ¿puede este expandirse indefinidamente, o no?; ¿tiene algún significado la pregunta de que hay mas allá? Algunos de estos interrogantes son singularmente fáciles de responder. Otros, especialmente el último, son misterios de los que no conocemos la solución incluso en nuestros días. Toda cultura se ha planteado, de una u otra forma, tales cuestiones. Las respuestas propuestas casi siempre han sido de categoría "narrativa" o "fabulada", con explicaciones divorciadas de toda tarea experimental, e incluso de toda observación comparativa cuidadosa.
Pero la mentalidad científica examina el mundo críticamente, como si pudieran existir otros muchos mundos alternativos, como si aquí pudiesen existir cosas que ahora no encontramos. Y en consecuencia, nos vemos obligados a responder por qué cuanto vemos es así y no de otra forma. ¿por qué son esféricos el sol y la luna? ¿por qué no pirámides o cúbicos? ¿por qué tal simetría en el mundo? ¿por qué incluso, no tienen formas irregularmente caprichosas? Si alguien gasta parte de su tiempo proponiendo hipótesis, comprobando si tienen sentido y si concuerdan con cuanto ya conocemos, pensando en pruebas experimentales que den validez o que se la nieguen a nuestra hipótesis, este alguien esta haciendo ciencia. Y a medida que van tomando más y más fuerza estos hábitos de pensamiento, más a gusto se halla el individuo con ellos. En este aspecto, el cerebro es un músculo. Cuando pensamos bien, nos sentimos bien. Comprender es un cierto tipo de éxtasis.

No hay comentarios:
Publicar un comentario